Imagen de la nebulosa del Velo Oriental o nebulosa del Murciélago (Caldwell 33, NGC 6995 y NGC 6992) -que no hay que confundir con la nebulosa del Murciélago Cósmico-, que forma también parte de la grandísima nebulosa del Velo (se puede ver una imagen de toda la nebulosa en esta web) la cual es producto de la explosión de una supernova hace entre 12.000 y 20.000 años. Desde la Tierra observamos las ondas de choque aún viajando por el espacio interestelar.
Esta es una imagen editada de nuevo por Santiago Vicedo el 25 enero 2025, otra versión anterior de la misma se ve en este enlace.
La presente es uno de los restos de supernova más espectaculares del cielo profundo. Se localiza en la constelación del Cisne y forma parte del vasto complejo del Bucle del Cisne.
Esta nebulosa destaca por sus largos filamentos brillantes, compuestos de gas ionizado que emite luz al ser excitado por la energía residual de la supernova. En su zona más conocida aparece superpuesta la estrella 52 Cygni, creando un contraste visual muy apreciado por astrónomos y astrofotógrafos. Los colores revelan diferentes elementos, como oxígeno, hidrógeno y azufre. Cada tonalidad narra una fase distinta de la violenta explosión original.
No es solo una joya visual, sino también un laboratorio cósmico para estudiar cómo las supernovas enriquecen el medio interestelar. Los materiales expulsados acabarán formando nuevas estrellas y planetas en el futuro. Así, esta nebulosa representa el ciclo continuo de muerte y renacimiento estelar. Un recordatorio silencioso de que incluso las catástrofes cósmicas siembran nueva vida en el universo

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