Imagen muy precisa de Santiago Vicedo, desde Viladecans, captada a mediados de marzo de 2026 del cúmulo estelar abierto Messier 67 (NGC 2682), que se encuentra en la constelación de cáncer. Su magnitud aparente es de ~6.1, lo que hace que quede en el umbral de ser visible con unos prismáticos convencionales en cielos oscuros.
Se halla a una distancia aproximada de 2.700 años luz y su diámetro aparente es de 30′ más o menos (similar al tamaño angular de la Luna Llena). El cúmulo lo descubrió el alemán Johann Gottfried Koehler en 1779, y fue incluido posteriormente por Charles Messier en su catálogo.
Los cúmulos estelares abiertos son grupos de estrellas formados a partir de una misma nube molecular, sin estructura y en general asimétricos. Sus estrellas se encuentran ligadas entre sí gravitacionalmente, pero en menor medida que las de los cúmulos globulares, y suelen ser jóvenes, masivas y muy calientes. Su número puede oscilar desde una decena hasta varios miles. M67 es, en términos astronómicos, una “superviviente fósil”: es un cúmulo abierto que ha resistido procesos de dispersión durante miles de millones de años, conservando una población estelar que permite reconstruir condiciones muy próximas a las del nacimiento solar.
Con una edad estimada de entre 3,6 a cuatro mil millones de años (como nuestro Sistema Solar), es uno de los cúmulos abiertos más antiguos conocidos en la Vía Láctea. La mayoría de cúmulos abiertos se dispersan en menos de mil millones de años, pero Messier 67 ha sobrevivido mucho más, lo que lo hace excepcionalmente estable.
Contiene más de 500 estrellas confirmadas (y miles en el campo visual), con muchas estrellas tipo solar (G), gigantes rojas evolucionadas, enanas blancas (remanentes) y algunas “blue stragglers” (estrellas anómalamente jóvenes en apariencia).
Se han detectado exoplanetas en estrellas del cúmulo.
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