La distancia a la que somos capaces de ver el horizonte depende de nuestra capacidad visual y de la altura del ojo sobre el nivel del mar. Si la vista es correcta, una buena aproximación es que la distancia en kilómetros es más o menos igual a 3,57 multiplicado por la raiz cuadrada de la altura en metros sobre el mar del que observa. Así, desde una montaña de 50 metros tenemos que se ve hasta una distancia de:
d ≈ 3,57⋅√50 ≈ 25 kilómetros
y desde la playa (con una altura de ojos de 1,70 m):
d ≈ 3,57⋅√1,7 ≈ 4,5 kilómetros
Desde la playa, el horizonte está a unos 4–5 km.
Desde una montaña de 150 metros, el horizonte marino se ve a unos 44 km y desde 100 metros de alto, hasta 35,7 km (la refracción atmosférica puede añadir 1–2 km extra en días claros, pero ese es el valor geométrico estándar).
¿Y porqué se ve Mallorca desde montañas de 200 metros de altura del Garraf si está a más o menos 200 kilómetros? Mallorca se ve desde el Garraf porque sus montañas sobresalen por encima de la curvatura de la Tierra y, además, la atmósfera curva levemente la luz. No vemos en el horizonte las playas de Mallorca, sino sólo sus montañas más altas asomando por encima de la curvatura de la Tierra, ayudadas además por la refracción atmosférica.
Desde 200 m de altura en el Garraf, mirando hacia el sur, hacia el mar, se puede llegar a ver el horizonte a unos 50 km, sí. Pero eso sólo vale para objetos al nivel del mar, como los barcos. No los aviones. Mallorca no es plana y tiene montañas muy altas como las de la Serra de Tramuntana (al norte, que es la que vemos desde Barcelona) en la que el Puig Major alcanza 1445 m. Esa cumbre tiene una distancia máxima desde la que es visible en circunstancias normales que es desde 135 kilómetros: d ≈ 3,57⋅√1445 ≈ 135 kilómetros
Si se suma el alcance visual de la persona que observa desde el Garraf (~50 km) con la distancia desde la que son visibles las montañas mallorquinas (~135 km), la distancia total visible es ya de unos 185 km.
Aún así, no se llega a los 200 kilómetros...
Pero falta lo decisivo: la refracción atmosférica, fenómeno óptico por el que la luz se curva al pasar por las capas de aire de la atmósfera, que tienen distinta densidad y temperatura, haciendo que los objetos (como el Sol, estrellas o montañas) parezcan estar en una posición diferente a la real, especialmente cerca del horizonte, donde el efecto es mayor, creando distorsiones y espejismos. Esto se debe a que la luz viaja más lenta en aire denso y frío, desviándose hacia abajo (hacia la Tierra) y haciendo que los astros parezcan más altos de lo que son. ¡La luz se curva siguiendo la Tierra! Esto puede añadir entre un 10 y un 20% más de distancia, e incluso más en condiciones excepcionales. Así, el “alcance visual” para poder ver esas montañas desde el entorno del Garraf puede estirarse hasta 220–250 km, y a veces algo más.
Y si se da todo, ahí están las montañas mallorquinas,..
Por eso vemos desde el Garraf, incluso desde 100 metros de altura, las altas montañas de Mallorca.
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