Abrimos el año con el Sol, aunque el cielo no se abra (así como diversas consideraciones sobre la observación del horizonte en el mar)
Alfonso López Borgoñoz tiene la costumbre de fotografiar desde finales de octubre (desde el 28, más o menos) a mediados de febrero (hasta el 13, 14 o 15) la salida (orto solar) y la puesta de Sol (ocaso solar) desde el mar.
También trata de hacer las mismas fotos durante el solsticio de invierno, el 31 de diciembre y el 1 de enero.
Pero las nubes este año le han impedido tomar esas fotos.
Por suerte, un amanecer puede estar muy bien, pese a las nubes, si todo va bien... y el 2 de enero de 2026 pudo captar estas imágenes del mar, las nubes y del sol tapado por ellas... pero con un horizonte y mar muy rojizos.
Ver que sale o se pone nuestra estrella desde el este por Barcelona (o noreste por el Baix Llobregat) o por el oeste o noroeste por el Garraf ya no les gusta tanto. El Sol, si no sale por el mar, cuando empieza a verse ya está relativamente alto, y las tonalidades de la luz y del cielo ya son diferentes. Claramente peores, para él.
A medida que el Astro rey se eleva sobre el horizonte, precisa más el filtrado de la luz para no quemar el sensor de la cámara (ni los ojos del fotógrafo o fotógrafa, que en su caso él aprecia tanto).
En cambio, cuando el Sol está en el horizonte, su luz atraviesa muchísima más atmósfera y no hacen falta filtros. El aire, aerosoles y polvo atenúan su intensidad, sobre todo la luz azul y parte del ultravioleta (UV), y el Sol llega debilitado. Al subir apenas unos grados el Sol desde el horizonte, el camino por la atmósfera hasta la persona que lo observa se acorta mucho, la atenuación desaparece rápido y la intensidad es peligrosa, haciendo imposible mirarlo sin protección en muy poco tiempo. Encima de nuestras cabezas (cenit) ya es imposible.
Eso sí, sobre el horizonte marino no todo son ventajas. El problema suele ser muy a menudo una gran acumulación de nubes de agua (H₂O) -ya sea líquida, en vapor o como hielo- a medida que nos acercamos al límite entre cielo y mar. Suele haber muchas, en general. Normalmente más que sobre nuestra cabeza... o más que en las alturas medias del cielo.
Las nubes se encuentran principalmente hasta un máximo de 12–13 km de altura (troposfera), en latitudes medias terrestres, como la de Castelldefels. Por encima (salvo excepciones tropicales), en la estratosfera, no hay nubes, dado que el agua es muy escasa. Puede haber trazas de vapor o nubes muy especiales (como las nubes noctilucentes, a unos 80 km), pero ya no son nubes de agua líquida, sino de hielo extremadamente fino y en condiciones muy particulares. Ello implica que en el cenit sólo vemos las nubes que tenemos sobre nuestra cabeza, pero cuanto más nos acercamos al horizonte, vamos sumando las nubes que se encuentran hasta más de diez kilómetros a distancias enormes....
Se da una curiosidad, desde la playa vemos de pie hasta una distancia de mar de sólo 4,5 o 5 km como mucho, por la curvatura de la Tierra. Pero como las nubes altas están hasta 13 km de altura, podemos verlas en días muy muy claros hasta a más de cuatrocientos kilómetros, incluso quinientos en el mejor de los casos... Y esa acumulación de nubes hasta tan lejos facilita que sobre el horizonte se vean muchas nubes.
Es decir, el horizonte que vemos desde la playa está a menos de 5 km, pero las nubes pueden estar a 400. Las nubes del horizonte, las que vemos detrás de los barcos que allí pasan, o incluso en algún caso 'aparentemente' encima, pueden estar a centenares de kilómetros de esos barcos.
De hecho, vemos las nubes tocar el horizonte. Esas nubes que lo tocan, dependiendo de su altura, están a centenares de kilómetros, mientras que las gaviotas que revolotean al fondo en alguna foto, sólo están a un par o tresde kilómetros.
La distancia a la que somos capaces de ver el horizonte depende de nuestra capacidad visual y de la altura del ojo sobre el nivel del mar. Si la vista es correcta, una buena aproximación es que la distancia en kilómetros es más o menos igual a 3,57 multiplicado por la raiz cuadrada de la altura en metros sobre el mar del que observa. Así, desde una montaña de 50 metros tenemos que se ve hasta una distancia de:
d ≈ 3,57⋅√50 ≈ 25 kilómetros
y desde la playa (con una altura de ojos de 1,70 m):
d ≈ 3,57⋅√1,7 ≈ 4,5 kilómetros
Desde la playa, el horizonte está a unos 4–5 km.
Desde una montaña de 150 metros, el horizonte marino se ve a unos 44 km (la refracción atmosférica puede añadir 1–2 km extra en días claros, pero ese es el valor geométrico estándar).
¿Y porqué se ve Mallorca desde montañas de 200 metros de altura del Garraf si está a más o menos 240 kilómetros?
Mallorca se ve desde el Garraf porque sus montañas sobresalen por encima de la curvatura de la Tierra y, además, la atmósfera curva levemente la luz. No vemos en el horizonte las playas de Mallorca, sino sólo sus montañas más altas asomando por encima de la curvatura de la Tierra, ayudadas además por la refracción atmosférica.
Desde 200 m de altura en el Garraf, mirando hacia el sur, hacia el mar, se puede llegar a ver el horizonte a unos 50 km, sí. Pero eso sólo vale para objetos al nivel del mar, como los barcos. No los aviones. Mallorca no es plana y tiene montañas muy altas como las de la Serra de Tramuntana (al norte, que es la que vemos desde Barcelona) en la que el Puig Major alcanza 1445 m. Esa cumbre tiene una distancia máxima desde la que es visible en circunstancias normales que es desde 135 kilómetros:
d ≈ 3,57⋅√1445 ≈ 135 kilómetros
Si se suma el alcance visual de la persona que observa desde el Garraf (~50 km) con la distancia desde la que son visibles las montañas mallorquinas (~135 km), la distancia total visible es ya de unos 185 km.
Aún así, no se llega a los 240 kilómetros...
Pero falta lo decisivo: la refracción atmosférica, fenómeno óptico por el que la luz se curva al pasar por las capas de aire de la atmósfera, que tienen distinta densidad y temperatura, haciendo que los objetos (como el Sol, estrellas o montañas) parezcan estar en una posición diferente a la real, especialmente cerca del horizonte, donde el efecto es mayor, creando distorsiones y espejismos. Esto se debe a que la luz viaja más lenta en aire denso y frío, desviándose hacia abajo (hacia la Tierra) y haciendo que los astros parezcan más altos de lo que son. ¡La luz se curva siguiendo la Tierra! Esto puede añadir entre un 10 y un 20% más de distancia, e incluso más en condiciones excepcionales.
Así, el “alcance visual” para poder ver esas montañas desde el entorno del Garraf puede estirarse hasta 220–250 km, y a veces algo más.
Y si se da todo, ahí están las montañas mallorquinas,..
Por eso vemos desde el Garraf, incluso desde 100 metros de altura, las altas montañas de Mallorca.

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