El pasado 20 de junio de 2026, Jesús Álvarez nos enviaba una pequeña serie de maravillosas fotos obvias, pero necesarias. Según el diccionario, algo obvio es algo que es muy claro, y no tiene dificultad.
Estamos en un tiempo en el que las noticias falsas, la pseudociencia y la tontería obligan a explicar lo obvio, a demostrar esas cosas evidentes. No para pedagogía de menores o mayores, sino para tratar de limitar el absurdo en lo posible.
Y no es un problema no saber (eso nos pasa a todos ¡hay tanto Universo y tan poco tiempo!), sino vivir en un tiempo (como han habido otros, en el pasado) en el que algunos y algunas el no saber lo viven como algo revolucionario, alternativo y contracorriente. Se sienten, como se suele decir ahora, empoderados. Nunca entendieron la ciencia, pero ahora pretenden atacar sus bases con razonamientos insensatos. Se ufanan en defender, sin pruebas de un mínimo peso, hipótesis peregrinas sostenidas en la nada.
Si se hace creer a la gente que nada es cierto, que la ciencia actual es una mentira por completo (no que contiene errores y posibilidades de mejora, lo que todos sabemos), se pueden tratar de colar todas las falsedades sobre cualquier cosa.
En las imágenes vemos tres barcos:
- Uno de vela relativamente cercano, con su casco bien visible, surcando el mar.
- Más lejos hay una segunda embarcación, quizás un petrolero, que parece justo en la línea del horizonte. Ya explicamos cómo se calculaban las distancias de embarcaciones en el mar en una pasada entrada de este blog. Debe estar a entre 4,5 y 5 kilómetros de la cámara. Su casco se ve sobre el mar.
- Pero hay un tercera embarcación a lo lejos. Un buque portacontenedores. No se le ve el casco. Dado el peso que cargan, suelen navegar estos barcos con una línea de flotación baja, pero no tanto. Aquí parece como si los contenedores estuvieran tocando el agua. La realidad es más sencilla. Posiblemente este barco está a poco más de cinco kilómetros de la playa, y no le vemos el casco por culpa de que está levemente más allá del horizonte, y la parte inferior de la embarcación no se ve por la esfericidad de la tierra. Parece dirigirse al puerto de Barcelona. Seguramente, su casco fue visible al cabo de media hora, al acercarse aún más a la costa, y al no impedirnos ya ver su parte inferior la redondez de una Tierra que por tantos y tantos motivos experimentales podemos comprobar cada día que es una esfera, y no es una tierra plana como algunos y algunas creen, y pretenden hacer creer a otras personas.
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